Descripción blog

Un lugar donde las palabras fluyen como el agua de una fuente,
donde los recuerdos cobran vida,
donde los sueños se hacen realidad.
Bienvenido a mi mundo.
Adela

domingo, 22 de enero de 2012

Era un acorde de guitarra, o quizás una estrofa, o tal vez una canción

Recuerdo con perfecta claridad que aquella mañana no tenía ganas de salir. No es que estuviera deprimida ni nada por el estilo, tan solo me apetecía quedarme en mi rústica y humilde habitación, rasgueando un par de acordes improvisados con mi guitarra.
Era una mañana cálida, de esas en las que ni siquiera te paras a pensar que existe algo llamado temperatura y uno tan solo se pone una camiseta ancha sobre la ropa interior por no estar desnudo.
Era una mañana íntima. A solas, yo, mi guitarra, un lápiz y sentimientos en potencia sobre la colcha de colores de mi cuarto. O al menos eso era lo que yo creía, hasta que se abrió la puerta de madera azul eléctrico con un crujido.
- Deberías arreglar esa puerta, ratita de biblioteca.
- ¿Qué haces aquí Oliver?, ¿Cómo diablos has entrado?
Él hizo como si no hubiera oído mi pregunta y se sentó a mi lado en la cama, robándome la libreta que tenía entre las piernas. Olía ligeramente a una mezcla de champú y colonia. No sabía porqué, pero me halagaba que se hubiera molestado en arreglarse antes de venir a verme.
- Devuélveme eso.
Antes de que pudiera darme cuenta, ya se había apoderado también de mi guitarra y tocaba, desafinando en voz alta, los últimos acordes de la canción que acababa de escribir.
- Esta ñoñería era lo que cantabas antes de que yo entrara, ¿verdad? -me preguntó en tono burlón.
No podía soportarlo más, lo odiaba. Deseaba que aquellos ojos verdes desaparecieran para siempre de mi vida, y sin embargo, cada vez que imaginaba que aquello ocurría, me invadía una sensación de ingravidez, de vértigo. Le arrebaté la libreta de las manos, me planté junto a la puerta y la abrí de par en par, esperando a que saliera.
- Lárgate de aquí.
- Aaay, Ruby, Ruby. Si lo que pasa es que estás necesitada, tan solo dilo -dijo mientras se levantaba con aire inocente y las manos en los bolsillos, dirigiéndose hacia la puerta.
Por un momento pensé que se iría -lo cual me resultó bastante extraño-, pero sin previo aviso, se giró hacia mí y me besó. Primero, apasionado; sediento. Poco a poco fue reduciendo la intensidad del beso hasta convertirlo casi en una caricia. En cuanto se separó de mí, sentí frío en el lugar donde su cuerpo había estado presionado contra el mío.
- Algún día, alguien te querrá de ese modo, por ahora, confórmate con eso.
No sabía qué contestar. Me había quedado inmóvil junto a la puerta, y tan solo me vino a la mente la pregunta menos lógica. Pragmática y con los pies en la tierra, así era yo.
- Oliver, ¿Para qué has venido?
Se detuvo bajo el umbral de la puerta, y esbozó una sonrisa, como si en realidad no tuviera ningún motivo para venir, y estuviera buscando algo que decir.
- Es igual, ya veo que hoy estás demasiado ocupada pensando en mí. Volveré mañana.