Descripción blog

Un lugar donde las palabras fluyen como el agua de una fuente,
donde los recuerdos cobran vida,
donde los sueños se hacen realidad.
Bienvenido a mi mundo.
Adela

miércoles, 27 de julio de 2011

Refugio

No hay mejor medicina que sus labios en días grises y enfermizos; el jarabe de sus besos es el mejor remedio contra el mal de amores. Hoy, no pienso moverme de aquí, de mi refugio entre sus brazos y mi reposo en su regazo. Hoy, no me apetece enfrentarme al mundo; hoy, tan solo voy a disfrutar de ti cada segundo.

domingo, 24 de julio de 2011

Si te he visto, no me acuerdo -o eso intento-


Sentí como si pequeños cristalitos helados se depositaran a lo largo de mi piel y, curiosamente, en vez de clavarse, se deslizaran desde el centro de mis piernas y mi espalda hacia la toalla. Con un mohín de enfado, desperté de mi letargo bajo el sol del mediodía y me puse en pie dejando que el agua resbalara hasta acumularse en el suelo.
Al bajar la vista, me percaté de que, junto a mi hamaca, yacía la pelota causante de mi desvelo, la misma que me había salpicado. Me levanté, devolví la pelota al agua con desgana, y como buena actriz, me di la vuelta indignada para buscar un lugar más tranquilo. A pesar de todo, no pude evitar fijarme en el brillante desparpajo y la facilidad para los idiomas de aquel chico que me salpicó. Tampoco pasé por alto su atractivo moreno, ni su traviesa y perfecta sonrisa, que quedaron grabados en mi retina hasta hoy. Jamás admitiría que, en aquel momento, incluso reí para mis adentros.
Nada de eso debió haber ocurrido. Ojalá no hubiera devuelto esa pelota al agua; Ojalá no me hubieras invitado a jugar; Ojalá no me hubieras dejado ganar; Ojalá nunca te hubieras fijado en mí. Así, ahora, al menos no tendría que intentar olvidarte.

jueves, 14 de julio de 2011

Quinto capítulo de "En la Frontera de los Sueños"

«Capítulo IV

V

- ¿Clavel o azucena?
- ¿Eh?
- Son nombres de flores, te preguntaba cuál de las dos prefieres -se explicó Luc.
- Sí, lo sé. Lo que pasa es que no entiendo a qué viene eso ahora.
Hannah estaba completamente desconcertada. Durante todo el trayecto en el todoterreno del padre de Luc, la conversación había sido prácticamente inexistente, nula, y ahora sin embargo parecía interesarse repentinamente por sus gustos en cuanto a flores. Realmente desconcertante, así era Luc para ella. Permaneció callada, escrutando el horizonte dubitativa. Jamás se había fijado en lo hermosa que se veía la bahía al atardecer desde aquella carretera. La silueta de los barcos, que flotaban sobre un mar de tonos violáceos, recortada contra el fondo montañoso, junto con las pequeñas y características casas de madera, eran esa clase de vistas que tenían en ella el mismo efecto que un calmante.
-Azucena. Es mi favorita.
Aquella visión había templado su carácter y le permitía continuar la conversación en un tono más afable. Al parecer Luc se alegraba de aquel cambio en su actitud, pues no había podido evitar mirarla conforme esbozaba una sonrisa suave en sus labios, tan ligera que parecía como si se fuera a esfumar de un momento a otro.
- ¡Lo sabía! -exclamó él.
- ¿Lo sabías? -preguntó Hannah asombrada. Eso era nuevo. La loca que solía espiar a Luc en sueños y que creía saber algo sobre él, era ella, y no al revés.
- Intuición. A veces me resulta complicado entenderte, pero otras... eres como un libro abierto -dice con aire relajado mientras asiente lentamente.

En cuanto Hannah creyó que iba a poder zambullirse de nuevo en el turbulento mundo de sus pensamientos, un cambio en la trayectoria habitual de camino a su casa la alarmó.
- ¿A dónde vas? Tenías que haber seguido por la carretera.
- Es un atajo, confía en mí.
¿Que confiara en él? Habría dado su vida por él, pero en aquel instante sabía que ella tenía razón.
- ¿Un atajo adentrándote de nuevo en el pueblo? -hizo una pequeña pausa- ¿No tendrá que ver con ese recado que tenías que hacer no?
Como si no pudiera contener más su mentira piadosa, a Luc se le puso cara de niño. Pero no de un niño cualquiera, sino de uno que sabe que acaba de fastidiarla.
- Puede que te haya tendido una pequeña trampa, pero es que necesitaba tu ayuda.
De pronto Hannah sintió una de las sensaciones más contradictorias que había podido experimentar en su corta vida. Por una parte se sentía engañada, una vez más; al parecer aquel chico no se cansaría jamás de jugar con ella. Sin embargo, había algo en aquella frase que resultaba halagador. "Necesitaba tu ayuda", no cesaba de rumiar el sentido de aquellas palabras y el hecho de que la hubiera elegido a ella, y no a otra. Aquella extraña sensación derivó en ansiedad e impaciencia.
- ¿Y puedo saber para qué?
- En unos segundos lo descubrirás.
El zumbido del motor cesó y el coche se detuvo en una estrecha y mal indicada plaza de aparcamiento. Luc bajó del coche y esperó a que ella hiciera lo mismo. Necesitó impulsarse con un pequeño saltó para bajar del asiento del copiloto, pero en menos de lo que canta un gallo, Hannah se encontraba de pie junto a Luc.
Se dirigían hacia unos peldaños de piedra que conducían hacia lo que en un principio a Hannah se le antojó como una casa antigua cuya entrada era un enorme arco de piedra. Tras subir los escasos peldaños, observó cuán equivocada estaba. Tras el arco, un estrecho pasillo de altos y blancos muros, los introdujo de lleno en la apacible plaza central del pueblo. La gente no caminaba armando alboroto y destrozo, como cabía esperar en una plaza como aquella; al contrario, todo parecía hallarse bajo un transparente velo de paz y armonía, escuchándose tan solo un agradable murmullo de risas y conversaciones alegres. Varios puestos montados sobre el arcaico suelo de piedra y colocados en hileras colmaban la plaza iluminada por los tenues rayos de un sol moribundo. La mayoría de los puestos vendían frutas -incluso de las variedades más exóticas- y verduras, no obstante, también había hueco para elaborados puestos con canastos repletos de especias; otros con apetecibles cestas de golosinas; las preciosas pulseras hechas a mano también tenían su pequeño rincón; inclusive, en uno de los extremos, descansaba bajo la sombra de un toldo un carrito de helados. Pero sin duda, el puesto que destacaba por su vistoso colorido y su gran fachada de vidrio, era el de las flores. Era como un mini-invernadero, en mitad de un mercado.
Sin dudarlo ni un segundo, Luc se dirigió al extremo opuesto de la plaza por medio de los pasillos que formaban la hilera de puestos, directo al invernadero. Hannah avanzaba tras el, siguiéndole los pasos muy de cerca, aunque alguna vez se sorprendió a sí misma deleitándose con el tacto o el intenso aroma de las frutas exóticas. Justo antes de cruzar la puerta del invernadero, se detuvo. Sentía un hormigueo en el estómago, como si hubiera algo que estaba pasando por alto. Finalmente, decidió convencerse a sí misma de que seguramente se debía a que sus tripas le reclamaban a gritos comida.

Bajo el techo de cristal, el calor acumulado a lo largo del día, se hacía pesadamente bochornoso e intensificaba el almibarado aroma que impregnaba la estancia.
- Ahora entiendo a que venían esas preguntas tan raritas -farfulló Hannah.
- Nadie mejor que tú para ayudarme a diseñar un bonito ramo de flores -dijo Luc con una sonrisa.
- Haciéndome la pelota no vas a conseguir que se me pase el cabreo, ¿sabes?. Además, recuerda que esto tan solo es una tregua.
- Nunca lo he tenido más presente.
Antes de que pudieran continuar su charla, una mujer de rasgos indios que debía estar cerca de los cincuenta, se acerca a darles la bienvenida.
- Buenas tardes, ¿O debería decir noches?
- Quizá debería decir noches -sugirió Luc con un tono educado que cautivó en seguida a la mujer.
- ¿En qué puedo ayudarles? -se ofreció esta con una sonrisa.
- Pues verá, me gustaría hacer un bonito ramo de flores.
- Claro, díganme, ¿tenían pensada alguna flor en concreto para su ramo? -la mujer los mira con sus rasgados ojos azabache.
- Por ahora tan solo tenemos claro que queremos ponerle azucenas blancas -respondió Luc mirando a Hannah- ¿no? -ella se limita a asentir y sonreír.
- Corazón inocente.
- ¿Cómo ha dicho?
- Es el significado de las azucenas. Corazón inocente. Si así lo quiere puedo decirle el de cualquier otra flor.
Inconscientemente, Hannah llevó la mano hacia su corazón. Como si acabaran de quitarle una oscura venda de los ojos, apreció que realmente podía identificarse con su flor favorita. ¿Cuántas veces había sido engañada y sufrido en exceso por los demás? Ella entregaba todo su ser, todo lo que ella era, a quiénes decidían otorgarle cierta complicidad y confianza.
Paseaba por los estrechos y húmedos pasillos, buscando algo para el ramo que llamara su atención. En un rincón, algo tapada por flores más voluminosas, se escondía una flor de tallo largo y peludo, blanca, pero su aspecto era demasiado rústico y soso como para poder incluirla en el ramo. Se agachó para poder observarla más de cerca y apartó con delicadeza el resto de las flores.
- Esa es una amapola blanca. Tiene que ver mucho con el tema de los sueños.
He ahí la razón por la que tenía tan fuerte atracción sobre Hannah. Antes de volverse de nuevo hacia Luc, la mujer le guiñó un ojo a Hannah, pero fue tan rápido, que no podía estar segura de ello.
- ¿Qué más me aconsejas, Hannah? ¿Has visto algo que te guste? -le preguntó Luc asomando su cabeza por encima de la mujer india.
Justo en ese mismo instante, los ojos de Hannah fueron a parar sobre una flor lila de aspecto pomposo que conseguiría romper con la monotonía del ramo. Se acercó al cubo que contenía las flores y leyó el cartelito verde botella en letras blancas que indicaba su nombre.
- ¿Te gustan estos crisantemos? ¡Quedarían genial para el ramo! -exclamó indicándole que se acercara para poder verlos de cerca.
- De acuerdo, me gusta la idea. ¿Esta flor también tiene significado? -preguntó al tiempo que se volvía de cara a la señora.
- Bueno, el crisantemo morado en sí, no tiene un significado especial. Pero lo que son los crisantemos en general, suelen tener que ver con el amor, cualquier tipo de amor. -No quedándose contenta con su explicación, la mujer le preguntó- sea quien sea quien reciba este ramo, debe ser muy especial, ¿No es así?
La pregunta pilló a Luc y a Hannah desprevenidos. Hannah no se había parado a pensar en ello, pero ahora sentía una gran curiosidad acerca del desconocido destinatario del ramo. Luc, simplemente no se esperaba una pregunta así, tan directa. Se le ablandó la sonrisa al pensar en quien fuera el futuro dueño de aquellas flores.
- Es... una amiga, muy especial -se limitó a contestar.
De pronto el hormigueo que Hannah había sentido al entrar, volvió a hacer acto de presencia, pero este no tardó en transformarse en algo mucho más pesado que le oprimía el estómago y tiraba de ella hacia abajo. Ahora entendía todas aquellas frases tan dulces que Luc le había dedicado: "Necesitaba tu ayuda", "Nadie mejor que tú para ayudarme". Todo cobraba sentido a raíz de su última frase. Y es que, ¿Quién mejor si no que Hannah para elegir un ramo de flores para la que se supone que es su mejor amiga, Alessia?
Se sentía utilizada y estúpida, ya que habían acordado una tregua que él parecía haberse negado a cumplir. Oyó a Luc preguntar algo sobre unas margaritas y no quiso saber nada más acerca del resto, así que dejó que lentamente la conversación se desvaneciera en sus oídos para volver a oír la voz tosca de su cerebro gritándole "Te lo advertí". Su vínculo con la azucena, jamás había sido mayor que en ese instante. Se veía como una azucena vulnerable a merced del viento.
No podía saber cuanto tiempo había permanecido de pie, con la mirada ausente, esperando a que Luc pagara. En cuanto oyó el tintineo de las monedas, volvió de golpe a la realidad. Por fin.
Ella ahora tan solo quería regresar a casa, y cuanto antes.

jueves, 7 de julio de 2011

Se busca médico para perra verde


Tienes la lengua verde.
Verde pantano; fétida y oscura, como el olor a podredumbre de las mentiras.
Verde reptil; bífida y afilada, dispuesta a descuartizar a base de críticas.
Verde esmeralda; dura y fría, con aires de superioridad y dotes de grandeza.
Verde lima; ácida y agria, tanto que cuando te muerdes, estoy segura de que arrugas la cara.
Niña, ¿pero no te has dado cuenta? Tú lo que necesitas es un buen médico. Un médico que te cure todo ese odio que llevas dentro.

domingo, 3 de julio de 2011

Rumor de mil gaviotas al volar

El rumor del vuelo de las gaviotas en este día de suave brisa y lánguidos nubarrones grises, se asemeja al aleteo de tu corazón. Te observo desde mi esquinita, cobijada bajo el único árbol en muchos metros a la redonda. Cruzo los dedos tras la espalda, pidiendo al cielo que el amor no se interponga en nuestro camino, para que los incautos de nuestros amigos sigan bromeando acerca de nosotros, y así, nos ríamos a su vez de sus insensateces -"¿Nosotros, juntos?, ¿pero qué mosca les ha picado?"-. Por último, obviando tu sonrisa, pido también que el aleteo de tu corazón, no sea más que eso, un sonido agradable que se asemeja al rumor del vuelo de las gaviotas.